¿POR QUE NO CUAJO EL VOTO CHILENO EN EL EXTERIOR?
por Germán F. Westphal (Baltimore, EE.UU.)
La respuesta es simple: Porque en Chile hasta lo bueno lo hacen mal
en la medida que lo condicionan a intereses partidistas. PUNTO.
El Gobierno y los partidos políticos que lo apoyan han demostrado una
ineptitud sin paralelo en su manejo con la oposición. Cuando se trata
de un proyecto de Ley Orgánica Constitucional tan trascendente como
el relativo al voto en el extranjero, no se improvisa; no se tira al
hemiciclo de la Cámara de Diputados el proyecto de la noche a la
mañana, sin estar seguro de que va a ser aprobado, a menos que se
quiera utilizar políticamente su rechazo, como en los hechos ha sido
el caso.
En efecto, se lanzó el proyecto a la Cåmara de Diputados sin tener
acuerdo previo con la oposición para obtener los cuatro votos que se
necesitaban para aprobar la idea de legislar. Bajo estas
circunstancias, la Cámara postergó la discusión para dar lugar a
algunas negociaciones que no prosperaron. Era demasiado tarde.
Simplemente es imposible negociar un proyecto como éste de la noche a
la mañana, tratando de improvisar acuerdos con una oposición que se
sabe que es retorcida. En otros términos, ni el gobierno ni los
diputados concertacionistas, especialmente los diputados
patrocinantes, hicieron su tarea de comprometer anticipadamente los
cuatro votos que necesitaban.
Peor aún, sabiendo que no contaban con dichos votos, sabiendo que la
idea de legislar no iba a prosperar, no retiraron el proyecto y lo
terminaron enviando al purgatorio por un año, haciendo imposible su
presentación antes de que se cumpla dicho plazo.
¿Es que el gobierno y los diputados que lo apoyan son imbéciles?
Aunque hay quienes se inclinan por una respuesta afirmativa, en este
caso el hecho es que sabían perfectamente lo que estaban haciendo y
las consecuencias que ello tendría para las aspiraciones de los
chilenos en el extranjero.
Sin embargo, de manera aún más importante, también sabían que podrían
usar la coyuntura para criticar fuertemente a la oposición, lo que
por lo visto les resultó más importante que mantener la posibilidad
de volver a presentar el proyecto en los próximos meses, una vez que
hubiera sido adecuadamente consensuado con la oposición.
Así, hoy rasgan vestiduras culpando a la oposición --lo que era
previsible-- y una buena parte de los chilenos en el extranjero les
hace coro, sin siquiera darse cuenta que se hizo un uso meramente
político de sus legítimas aspiraciones, sin importar en nada el fondo
de ellas, excepto en las palabras, en el discurso cínico, inmoral e
hipócrita de quienes calculadamente sacrificaron por un año tales
aspiraciones para poder criticar a la oposición.
Algo similar ya había ocurrido antes pues ésta es la tercera vez que
el texto del proyecto es debatido con los mismos resultados.
Por lo visto, el resultado paga dividendos, especialmente en
circunstancias en que el gobierno recibe fuertes críticas a su
gestión no sólo de la oposición sino que de manera mucho más
importante, de la ciudadanía, la cual se expresa a través de las
encuestas.
Así, ayer, a las 11:34 horas, escuchábamos a la Presidenta afirmar
categóricamente que no abandonará su promesa del derecho a voto en el
extranjero, aunque la señora sabe perfectamente que no tiene los
votos necesarios y que después de antagonizar a la oposición de la
manera en que se la ha antagonizado, se hace incluso más difícil
obtener dichos votos.
Sin embargo, no es eso lo que importa.
No es el voto en el extranjero lo que importa.
Lo que importa es montar un tinglado que permita fustigar a la
oposición, especialmente con vistas a las próximas elecciones, si es
del todo posible.
Como chileno en el extranjero, espero poco o nada de la oposición,
pero lo del gobierno y los partidos que lo apoyan resulta
absolutamente inexcusable. Bajo estas circunstancias, expreso mi
repudio y repugnancia al uso que han hecho y están haciendo de las
legítimas aspiraciones que comparto con la gran mayoría de mis
compatriotas fuera del país.
Sigue leyendo...]
La respuesta es simple: Porque en Chile hasta lo bueno lo hacen mal
en la medida que lo condicionan a intereses partidistas. PUNTO.
El Gobierno y los partidos políticos que lo apoyan han demostrado una
ineptitud sin paralelo en su manejo con la oposición. Cuando se trata
de un proyecto de Ley Orgánica Constitucional tan trascendente como
el relativo al voto en el extranjero, no se improvisa; no se tira al
hemiciclo de la Cámara de Diputados el proyecto de la noche a la
mañana, sin estar seguro de que va a ser aprobado, a menos que se
quiera utilizar políticamente su rechazo, como en los hechos ha sido
el caso.
En efecto, se lanzó el proyecto a la Cåmara de Diputados sin tener
acuerdo previo con la oposición para obtener los cuatro votos que se
necesitaban para aprobar la idea de legislar. Bajo estas
circunstancias, la Cámara postergó la discusión para dar lugar a
algunas negociaciones que no prosperaron. Era demasiado tarde.
Simplemente es imposible negociar un proyecto como éste de la noche a
la mañana, tratando de improvisar acuerdos con una oposición que se
sabe que es retorcida. En otros términos, ni el gobierno ni los
diputados concertacionistas, especialmente los diputados
patrocinantes, hicieron su tarea de comprometer anticipadamente los
cuatro votos que necesitaban.
Peor aún, sabiendo que no contaban con dichos votos, sabiendo que la
idea de legislar no iba a prosperar, no retiraron el proyecto y lo
terminaron enviando al purgatorio por un año, haciendo imposible su
presentación antes de que se cumpla dicho plazo.
¿Es que el gobierno y los diputados que lo apoyan son imbéciles?
Aunque hay quienes se inclinan por una respuesta afirmativa, en este
caso el hecho es que sabían perfectamente lo que estaban haciendo y
las consecuencias que ello tendría para las aspiraciones de los
chilenos en el extranjero.
Sin embargo, de manera aún más importante, también sabían que podrían
usar la coyuntura para criticar fuertemente a la oposición, lo que
por lo visto les resultó más importante que mantener la posibilidad
de volver a presentar el proyecto en los próximos meses, una vez que
hubiera sido adecuadamente consensuado con la oposición.
Así, hoy rasgan vestiduras culpando a la oposición --lo que era
previsible-- y una buena parte de los chilenos en el extranjero les
hace coro, sin siquiera darse cuenta que se hizo un uso meramente
político de sus legítimas aspiraciones, sin importar en nada el fondo
de ellas, excepto en las palabras, en el discurso cínico, inmoral e
hipócrita de quienes calculadamente sacrificaron por un año tales
aspiraciones para poder criticar a la oposición.
Algo similar ya había ocurrido antes pues ésta es la tercera vez que
el texto del proyecto es debatido con los mismos resultados.
Por lo visto, el resultado paga dividendos, especialmente en
circunstancias en que el gobierno recibe fuertes críticas a su
gestión no sólo de la oposición sino que de manera mucho más
importante, de la ciudadanía, la cual se expresa a través de las
encuestas.
Así, ayer, a las 11:34 horas, escuchábamos a la Presidenta afirmar
categóricamente que no abandonará su promesa del derecho a voto en el
extranjero, aunque la señora sabe perfectamente que no tiene los
votos necesarios y que después de antagonizar a la oposición de la
manera en que se la ha antagonizado, se hace incluso más difícil
obtener dichos votos.
Sin embargo, no es eso lo que importa.
No es el voto en el extranjero lo que importa.
Lo que importa es montar un tinglado que permita fustigar a la
oposición, especialmente con vistas a las próximas elecciones, si es
del todo posible.
Como chileno en el extranjero, espero poco o nada de la oposición,
pero lo del gobierno y los partidos que lo apoyan resulta
absolutamente inexcusable. Bajo estas circunstancias, expreso mi
repudio y repugnancia al uso que han hecho y están haciendo de las
legítimas aspiraciones que comparto con la gran mayoría de mis
compatriotas fuera del país.
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