12/14/2006

La ilegitimidad de Pinochet y la "doctrina" Oscar Izurieta

por Germán F. Westphal

El General Comandante en Jefe del Ejército de Chile, Oscar Izurieta,
en su discurso de homenaje a Augusto Pinochet Ugarte del 12 de
diciembre, ha tenido la desvergüenza de justificar el golpe de Estado
encabezado por éste y el tal llamado "Gobierno de las FF.AA. y de
Orden" administrado con poderes prácticamente absolutos por el Dictador.

En la medida que Izurieta ha hecho tal justificación, está
tácitamente diciendo que bajo similares circunstancias, él o
cualquier otro General de la República estaría plenamente justificado
en repetir la "gesta" de Pinochet.


Esto es absolutamente inaceptable en la medida que refleja una
postura de insubordinación ante el poder civil por su naturaleza
altamente deliberante y sediciosa.

En efecto, la Presidenta de la República autorizó a Izurieta a
rendirle honores a Pinochet única y exclusivamente en su calidad de
ex Comandante en Jefe del Ejército y, por tanto, Izurieta debió haber
restringido su homenaje a tal calidad. En la medida que su discurso
elaboró y tuvo la osadía de justificar al Pinochet político y
golpista, Izurieta infringió la autorización que recibió, incurriendo
en abierta insubordinación frente al poder civil al que debe
obediencia y respeto. Esto debería ser suficiente para removerlo de
su cargo.

Sin embargo, Izurieta fue más allá con su justificación del golpe de
Estado del 11 de septiembre de 1973, haciendo pública su postura
altamente sediciosa en la medida que tal justificación busca validar
la ilegalidad e ilegitimidad del golpe mismo y del tal llamado
"Gobierno de las FF.AA. y de Orden" que Pinochet le impuso al país
por 17 años por la fuerza de las armas. En efecto, los Artículos 3, 4
y 22 de la Constitución Política de la República de Chile vigente al
11 de septiembre de 1973, establecían claramente:

"Art. 3.- Ninguna persona o reunión de personas pueden tomar el
título o representación del pueblo, arrogarse sus derechos, ni hacer
peticiones en su nombre. La infracción de este artículo es sedición."

"Art. 4.- Ninguna magistratura, ninguna persona, ni reunión de
personas pueden atribuírse, ni aun a pretexto de circunstancias
extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que expresamente
se les hayan conferido por las leyes. Todo acto en contravención a
este artículo es nulo."

"Art. 22.- La fuerza pública es esencialmente obediente. Ningún
cuerpo armado puede deliberar.

En la medida que Augusto Pinochet violó reiteradamente los artículos
citados a pesar de que para otros efectos invocaba la Constitución
que los incluía, la única conclusión posible es que los poderes que
se atribuyó no tenían ninguna legalidad ni legitimidad. (*)

Por tanto, se sigue necesariamente que el discurso de Izurieta ha
justificado la ilegalidad e ilegitimidad del golpe de Estado de 1973
y la dictadura pinochetista.

En la medida que los discursos de los Comandantes en Jefe establecen
la doctrina con que manejan las instituciones militares bajo sus
órdenes, tenemos lo que ciertamente podemos llamar "la doctrina Oscar
Izurieta": los golpes de Estado en violación al ordenamiento
constitucional vigente están justificados en cualquier situación de
conflicto que el Comandante en Jefe considere insuperable, tal como
hizo Pinochet en 1973.

La aberración de esta doctrina tácitamente incluida en el discurso de
Izurieta ante el féretro de Pinochet, obliga a la Presidenta de la
República a removerlo de su cargo pues refleja una ideología
incompatible con el ordenamiento democrático del país, por precario y
parcial que tal ordenamiento sea.

Si la Presidenta de la República falta a su obligación de defender la
democracia como cuestión de principio, estará pavimentando el camino
para el próximo "putch" militar, "tanquetazo", "boinazo", "ejercicio
de enlace" o total desmantelamiento de las instituciones
republicanas, tal como ocurrió el 11 de septiembre de 1973 --un
desmantelamiento plenamente justificado según el sedicioso General de
la República, Oscar Izurieta.


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(*) Ciertamente se podría argumentar que a pesar de todo lo señalado,
Augusto Pinochet fue legitimizado como "Presidente de la República"
en virtud del pebiscito que aprobó la Constitución de 1980. Sin
embargo, incluso si aceptamos este razonamiento como válido, el mismo
razonamiento implica reconocer la ilegalidad e ilegitimidad de su
gobierno por lo menos desde 1973 a 1980. Además, incluso el
plebiscito que convocó es cuestionable en virtud de los mismos
artículos citados, un debate en el cual no es necesario entrar pues
el hecho es que tal plebiscito fue realizado sin registros
electorales ni control democrático alguno y la ciudadanía se vio
obligada a participar bajo la presión sicológica de los fusiles del
Dictador, lo que invalida sus resultados desde todo punto de vista
democrático.

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12/13/2006

Acto Humano

por Andrea

No soy hipócrita, y muestro sin recato mi alegría, no la oculto. No hay nada inmoral en desear y celebrar la muerte del tirano.

Aunque una amarga miel de ultratumba sale de mi grito eufórico y entonces me acuerdo que una vez mas gana la impunidad. No fue posible el legítimo derecho a la defensa propia de los pueblos…



Qué suerte la del tirano de estar muerto, que suerte la suya que la muerte lo proteja y le ciegue y que suerte para nosotros que no existan Nazarenos
impertinentes que puedan decirle levántate y anda...

Queda un consuelo: es difícil seguir siendo "emperador" ante un médico ...y la proximidad de la muerte... en esa cama, perdido, sin otra fuerza que la
de su cuerpo que es su cárcel. Aprisionado en sus recuerdos... Pero seguramente no tuvo desvelo...porque tener conciencia es un acto humano.

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12/10/2006

No hay mal que dure 100 años



Foto AFP, El Mercurio




¿Ni pueblo que lo agüante?

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